Sunday, February 8, 2015

El Derecho Humano al Agua en manos de la iniciativa privada

Este artículo salió publicado en la revista Nexos en su sección La Brujula

Desde pequeños nos enseñan que existe un ciclo en el agua, que simplificado es más o menos así:

evaporación - nubes - lluvias - ríos, lagos o mar - evaporación.

Pero hace como un par de años, en un encuentro de la Comisión de Derechos Humanos del DF, este esquema fue “roto” por un ingeniero de la organización ANEAS invitado al foro de derechos humanos al agua. Él nos explicó que esta forma de estudiar el ciclo del agua es anacrónica y se tenía que extirpar de los libros de texto puesto que el ciclo del agua estaba regido fundamentalmente por tubos y bombas.

Para mí fue una revelación.

Tomado de www.smapa.gob.mx
No porque cambiara mi concepto sobre el ciclo del agua, sino porque comprendí la distorsionada visión que tienen algunas personas sobre este líquido; algunas de ellas son las que manejan las políticas públicas de esta ciudad. Esta visión explica porque vivimos en una ciudad que se inunda en época de lluvias y no tiene agua en época de secas, aún cuando llueve diez veces más del agua que utilizamos. Supongo este tipo de personas con la visión de tubos y bombas también construyeron el documento que está circulando entre los interesados sobre la nueva iniciativa de Ley de Aguas Nacionales que aparentemente será sometido por la CONAGUA al Congreso. La primera pista sobre esta visión es que en su exposición de motivos, lo primero que se detecta es que nunca se habla de la naturaleza. Lo más cercano es una expresión que dice: “Sin comprometer la sustentabilidad ni frenar el desarrollo económico”. No sé cuál concepto de “sustentabilidad” que se haya usado, ya que incluso el concepto más primitivo incluye al desarrollo económico, lo cual habla de su cercanía con ese tema. Contradiciendo esta frase, la exposición habla también de los errores más grandes que hemos tenido en términos de manejo ecosistémico: el trasvase (que significa extraer agua de una cuenca y verterla en otra; por ejemplo, el agua del Sistema Cutzamala que provee del 30% de agua a la Ciudad de México es agua que trasvasamos, extrayéndola de la cuenca del Lerma y los deshechos contaminados llegan a la cuenca del Pánuco y de ahí al Golfo de México). Probablemente éste sea de las actividades menos sustentables que hace el ser humano y la exposición de motivos lo justifica con argumentos como “ya somos muchos” y “hay sequías”.

Después de la exposición de motivos viene la propuesta de Ley que la componen 249 artículos (casi el doble del número de artículos que tiene Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos). Aún con esa cantidad de artículos la propuesta de Ley deja muchos huecos en el manejo del agua. Por ejemplo, en el Artículo 8, no se entiende que significa el “equilibrio ecológico”; en el Artículo 9 no explica la “sustentabilidad ambiental”; en el capítulo IX el uso del agua para la conservación ecológica apenas alcanza dos renglones. En contraste la infraestructura y financiamiento cuentan con más de 170 artículos de diferente índole y extensión. Incluso, en el apartado dedicado a la protección del recurso hídrico, el factor de mayor importancia es la infraestructura. En esta propuesta de ley es más importante incluir en el marco jurídico asociaciones privadas como la ANEAS (Asociación Nacional de Empresas de Agua y Saneamiento de México) referida en el Artículo 23 que incluir los procesos naturales que afectan la disponibilidad de agua a ciudades.

La importancia de incluir a la naturaleza en la Ley se basa en que en ella están las reservas de agua y ella puede reducir los efectos de inundaciones y sequías. Para comprender porqué es necesario incluir en la Ley de Aguas una visión de ecosistema, basta recordar cómo funciona el Valle de México. El 70% del agua que tomamos en esta Ciudad viene del acuífero, que por ello está siendo sobreexplotado al 100%; por cada litro de agua que entra al acuífero se extraen dos. La recarga sucede principalmente en la zona boscosa que está al sur de la ciudad. Si urbanizamos la zona boscosa, la recarga se reducirá en un 27%. Así que tarde o temprano nos vamos a acabar el agua, y si urbanizamos los bosques nos la vamos a acabar antes. Por su parte, la sobreexplotación del acuífero genera que la tierra se compacte y por lo tanto se generan hundimientos. Una tierra más baja es más fácil que se inunde cuando existen precipitaciones fuertes. Ello es fundamental que la protección y manejo de estas regiones estén en la propuesta de Ley; sin embargo, esta propuesta por la CONAGUA es como el diseño de las tuberías de una casa que no incluye la conexión del municipio al tinaco o el drenaje.

Sorprende todavía más, que la propuesta de Ley de Aguas, sólo le dedique un renglón a este fenómeno. El Cambio Climático y el agua son un binomio esencial para emprender las medidas de mitigación y adaptación en las ciudades con el fin de perder la menor cantidad de vidas humanas en el futuro y asegurarlas de agua. Por ejemplo, la probabilidad de inundaciones en la Ciudad de México, Buenos Aires y Sao Pablo aumenta dramáticamente cuando se incluyen las predicciones del cambio climático[1]. No obstante, tampoco parece ser importante en esta propuesta de ley.

Esta propuesta de Ley cambia también las características que el agua potable debe tener: sin olor sin color y sin sabor. La propuesta de Ley indica que el sabor, olor y el color del agua de uso doméstico debe de ser “aceptable”. Hace dos años y medio, justo antes de las elecciones presidenciales, los capitalinos recibimos agua un sabor muy desagradable. El agua provenía del sistema Cutzamala. El entonces Comisionado Nacional del Agua, el ingeniero José Luis Luege Tamargo, en rueda de prensa mostró su valentía al tomar un vaso con agua que salía de ese sistema y dijo que el agua se podía beber. El sabor se debía a un tóxico producido por la geosmina una sustancia producida por un alga que surge en época de calor cuando los lagos (en este caso la Presa de Valle de Bravo) están contaminados. En estos meses de nuevo esta sucediendo el agua apestosa. Con esta propuesta de ley tomaremos agua “aceptable” según los funcionarios, aunque eso no indica que necesariamente sea potable.

En esta propuesta de Ley los problemas del agua se pueden resolver con tubos y bombas, mas desde su exposición de motivos advierte que como la infraestructura es muy costosa, se tiene que invitar a la iniciativa privada a participar. De esta manera, las empresas ayudarán a resolver los problemas.

Así, que nuestro derecho humano al agua (término que está incluido en esta propuesta de Ley cada determinado número de renglones, se necesite o no se necesite) ahora estará en manos de la iniciativa privada, pues el Estado no le alcanza para evitar inundaciones o purificar el agua.

En contraste, un grupo de más de 450 personas de la sociedad civil y de la academia se han estado reuniendo durante más de dos años con el fin de construir una Ley Nacional de Aguas donde se incluye a las dinámicas de la naturaleza relacionadas con el agua. La propuesta ciudadana de ley centra a la dinámica natural de las cuencas como la forma básica del manejo del agua. En lugar de invertir el dinero en infraestructura que se deteriora, se invierte en la restauración de la naturaleza y que ésta haga el trabajo de la infraestructura sin necesidad de mantenimiento, lo que sería más barato y más equitativo socialmente. Esta propuesta sí considera la regulación de actividades en los humedales y los bosques en un proceso de sustentabilidad (en esta iniciativa este concepto ya incluye el desarrollo económico).

Además la parte ecológica es sólo una de las muchas esquinas que debe de tener una propuesta de ley. En los rubros sociales, legales y financieros los problemas de la propuesta de la CONAGUA darían diversos análisis. En cambio, la propuesta de la sociedad civil centra la ley en una gestión planificada y participativa del agua, con contraloría social. El objetivo final se basan en tres ejes, que haya agua para los ecosistemas, para todas y todos y para la soberanía alimentaria. Esto promoverá un control en la contaminación, evitará la destrucción de cuencas y reducirá la vulnerabilidad a inundaciones y sequías, considerando el cambio climático.

Las dos propuestas de la Ley Nacional de Aguas transparentan el fenómeno que estamos viviendo en el país. Por un lado, una propuesta que garantiza esta simbiosis de la iniciativa privada con sus relaciones cercanas con el sector político, que casi siempre genera resultados poco deseables. Por el otro lado, una propuesta que promueve la participación ciudadana, pulverizando el control de las decisiones en múltiples sectores que se autorregulan y que consideran a la naturaleza como un aliado para resolver los problemas. Tenemos que tener mucho cuidado en cual escogemos puesto que nuestro Derecho Humano al Agua está de por medio.





[1] Datos proyecto internacional entre Instituto de Biología y FARN financiado por CDKN que serán presentados en la COP20 en Perú en Diciembre.