Saturday, July 12, 2014

La Complejidad en los Socio-Ecosistemas III: Lo de Newton.. no es para esto

Hace unos días se publicó en la revista ciencias este artículo. El artículo habla como las teorías ecológicas pueden explicar lo que estamos viviendo como sociedad. Esta es la segunda de cuatro partes que serán publicadas aquí. 

Durante los principios de los noventa, otro holandés analizaba las relaciones de los lagos a partir de los resultados de sus paisanos y de otros colegas, pero desde el ángulo de sistemas complejos. Marten Scheffer desarrolló un modelo para describir lo que estaba sucediendo en estos lagos, utilizando variables agrupadas en la cantidad de nutrientes en el agua, la cantidad de algas, de zooplancton y de peces. Los resultados de estos modelos cambiaron la bases de la limnología. Los modelos sugirieron que los lagos tienen una dinámica bi-estable en lo que se refiere a la columna de agua. En otras palabras, que el agua de los lagos o es establemente turbia o transparente. Scheffer utilizó a los nutrientes (agrupo a todos los nutrientes en una bolsa) como variable de perturbación que estaba relacionada con la relación de depredación entre las algas (todas las especies de algas) y el zooplancton (todas las especies de zooplancton). El cambio en los lagos entre un punto estable y otro es muy repentino y por ello le denominó “cambios catastróficos” (un apelativo un poco dramático para una teoría científica). 

Modelos posteriores sugieren que no sólo existen dos puntos de estabilidad sino que pueden existir muchos. Un análisis más profundo sobre las respuestas que existen en estos modelos también han ayudado a estudiar la estabilidad de los puntos, o la velocidad de los cambios en la dinámica. En los últimos años se ha buscado predecir que tanto se puede perturbar un ecosistema sin que cambie de estabilidad. En otras palabras, queremos saber que tan cerca estamos del cambio catastrófico cuando estamos perturbando el ecosistema. De todos estos análisis se popularizó la palabra resilencia del ecosistema, a tal grado que los políticos que la utilizan en cada uno de sus discursos cuando hablan de ecología, pero es difícil asegurar que entienden el concepto.

En este campo han ido evolucionando los términos en pocos años. Al cambio catastrófico de un sistema estable a otro se le nombra ahora transición crítica. En la profundización en este tipo de modelos ha generado una nueva línea de investigación en ecología, la de comprender a los ecosistemas como sistemas complejos que pueden presentar dinámicas no lineares y que explican lo poco predecibles que pueden llegar a ser.

Comprender el funcionamiento de los ecosistemas como sistemas complejos también ha ayudado que la sociedad comience a darse cuenta que la relación entre humanos y ecosistema no es mono-direccional, por el contrario es bi-direccional. En la conciencia social ahora existe la idea empírica de que el afectar a la naturaleza tiene consecuencias, pues tarde o temprano la dinámica generada a partir de esta perturbación nos afecta en la vida cotidiana. En otras palabras, hasta hace unos años se pensaba que existía una relación lineal y por lo tanto en el manejo de recursos se podía aplicar una suerte modificada a la tercera ley de Newton: a toda acción hay una reacción inversamente proporcional y en sentido contrario. Por ejemplo, si se construye una carretera, se afectan sólo unos cuantos metros al ecosistema (el número de metros de asfalto que se colocan) que, comparados con la cantidad de hectáreas de toda la cuenca es mínima. La “acción” de una carretera tendría una “reacción” del ecosistema mínima, que además estaría subsanada con un programa de reforestación impulsada por la constructora.  

Las catástrofes recientes en Guerrero y de hace unos años en Chalco y Tláhuac por los huracanes y tormentas tropicales sugieren que esta lógica está errada. A pesar de que la mayoría de las construcciones siguieron estas reglas, plantando al menos tres árboles por cada uno de los destruidos, el ecosistema ha reaccionado muy diferente a las lluvias torrenciales. En la época de lluvias, gran parte del agua se infiltraba al subsuelo pues los árboles y pasto funcionan como barreras y esponja a la vez. Con árboles en medio el agua que llegaba a las zonas bajas era mucho menos y con menor velocidad. El agua llega ahora en mayor cantidad y con mucho mayor velocidad debido a que en lugar de estos árboles hay concreto que disminuye la fricción del agua y evita que se infiltre al subsuelo. En cuanto a los árboles reforestados por las compañías, aún cuando todos sobrevivieran (algo que nunca sucede), la gran mayoría de las veces no se encuentran ni siquiera en la cuenca donde los otros árboles fueron talados. Por lo tanto, la dinámica del ecosistema en ese lugar cambió dramáticamente en época de lluvias a pesar de que la cantidad de árboles talados fuera muy poca comparada con todo el bosque que hubiera alrededor. 

La estela de destrucción que dejó el huracán Katrina en Nueva Orleans, es quizá el ejemplo mejor documentado sobre el fracaso de esta en la ley newtoniana distorsionada que los manejadores de recursos naturales tienen de los ecosistemas. En esa ciudad, la urbanización del delta del Mississippi (con todas las reglas ecológicas que pueden imprimir en las leyes norteamericanas) llevó a la destrucción de la ciudad en solo unos días. Este desastre ha llevado a replantear el manejo de esa ciudad. Los nativos del estado de Louisiana en Estados Unidos y de Guerrero en México han aprendido que la naturaleza está basada en dinámicas no lineales, por lo que su respuesta puede ser completamente impredecible en el mediano plazo, aún cuando se conozcan la mayoría de sus componentes.

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