Tuesday, January 22, 2013

La culpa de todo la tienen los árboles

Nota: dejé de publicar hacia el final del año, pero vuelvo con nuevos temas y nueva presentación. 

Hace como 35 años se reunieron los de mi cuadra para hablar sobre seguridad. La propuesta de cuatro vecinas era talar un árbol que mi familia había plantado en la esquina de mi casa. Su argumento era que el árbol era utilizado por los estudiantes para hacer actos impropios. Pero se toparon con pared cuando mi padre, con esa diplomacia de artillero que yo le heredé, sentenció el tema diciendo: “pero ¿qué tiene de malo que los chavos se echen un fajesín? El escándalo de algunos y la diversión de otros hicieron que el tema se diera por saldado y el árbol sobrevivió ese ataque. 

Los árboles han sido siempre un recurso en la repartición de culpas. Hoy, la misma lógica que utilizaron las vecinas de la cuadra de mi infancia es rescatada por el Delegado de Iztapalapa para justificar la tala de más de 150 árboles. Según el Delegado, se talan los árboles porque en ellos se esconden los maleantes.

Las trágicas muertes de individuos con heridas de ataque de perros obligaron a las autoridades a buscar culpables rápidamente. Pero ahora hay riesgos políticos al acusar a cualquier individuo arrestado al azar (por ejemplo, Presunto Culpable o el movimiento 1DMX). Por lo tanto, en su desesperación culpan al siguiente sector más desprotegido: la naturaleza.

En el caso de Iztapalapa comenzaron acusando a una veintena de perros que (como buenos chivos expiatorios) no la debían ni la temían. Pero las autoridades no contaban con que un grupo de amantes de los perros y protectores de los derechos de los animales  promovieran su defensa hasta ponerlos en libertad, dejando a las autoridades, otra vez con la necesidad de resolver el trágico caso de las personas asesinadas. Parece ser que no han encontrado nada, pues ahora se fueron con un grupo todavía más desprotegido: las plantas.

Así, el Delegado de Iztapalapa se viste de “Sheriff de Nottingham” y asegura que los maleantes la hacen de Robin Hood, escondiéndose en el bosque. Pero a diferencia del Sheriff que salió a buscar a su enemigo, el delegado culpa a los árboles de ser cómplices y resuelve el problema talando el bosque.  Eso no se le hubiera ocurrido ni en sueños al Sheriff de Nottingham, ni con todo lo malvado que era.

Sheriff de Nottingham en: Robin Hood Disney 1973 
El problema es que la inseguridad va mucho más allá de dónde se podrían estar refugiando los maleantes. Por lo tanto, la delincuencia no va a amilanar sus actividades  ni aún cuando Iztapalapa fuera un desierto arenoso y sin cactus. 

Dentro de los factores que generan inseguridad en las diferentes ciudades está el de reducir los espacios públicos. Los árboles hacen más agradables los espacios públicos. Esto hace que estos espacios sean visitados por más personas. Así, la comunidad por sí sola reduce la inseguridad. Pero los árboles también mejoran la calidad del aire, reducen enfermedades respiratorias y mejoran el clima. Además sus hojas y raíces son útiles para alimentar al acuífero en época de lluvias, algo que Iztapalapa adolece de manera angustiante. Por lo tanto, la tala de árboles es contraproducente para la calidad de vida de los habitantes, entre otras cosas en la búsqueda de mayor seguridad en la región.

Ahora bien, 150 árboles no suenan a mucho, representan el 0.02% de la cantidad de árboles que tiene la Delegación de Iztapalapa (datos por colonia de Atlas del suelo de conservación publicado por  PAOT). Sobre todo comparándolos con los 5 millones de árboles que hacen a Iztapalapa la quinta delegación con mayor cantidad de árboles. Pero eso se debe a que Iztapalapa es una de las delegaciones de mayor tamaño; y también es, por mucho, la delegación más poblada del Distrito Federal. Prácticamente uno de cada cinco capitalinos viven en esa delegación. 

Una variable utilizada para medir la calidad de vida de los habitantes es el número de árboles por habitante. En este caso, la Delegación de Iztapalapa está en el último lugar.  La cantidad de árboles por persona en Iztapalapa es casi diez veces menor que en la Delegación Miguel Hidalgo y casi tres veces menor al promedio (ver figura).


En tan precarias condiciones, 150 árboles son muchísimos para la calidad de vida de sus habitantes. Son todavía más si forman un bosque, puesto que los árboles en grupo proporcionan más servicios ecosistémicos que los que están en techos verdes o en camellones.

Es fundamental que los gobiernos locales consideren este tipo de información que ya está al alcance de todos. De lo contrario, las decisiones para apagar un fuego en la opinión pública -como es el no encontrar a los responsables de unos asesinatos- pueden repercutir de manera negativa en el mediano plazo para toda población. Además de no encontrar a los verdaderos responsables fomentando la impunidad, estas prácticas son las que nos han llevado a perder mucho de nuestra seguridad, calidad de vida y patrimonio natural.