Sunday, July 29, 2012

Los golpes de los granaderos en la Glorieta de las Quinceañeras

Escribo esta publicación sin dormir en la madrugada, después de una larga y dolorosa noche. Una noche que se quedará en mi memoria.


El día comenzó muy bien con un foro organizado por el Frente Amplio contra la Supervía para festejar los dos años de resistencia pacífica en un plantón que no ha dejado entrar las máquinas a su colonia. Ahí, el Arquitecto Enrique Ortíz habló de la Carta por el Derecho a Ciudad como base para entendernos en esta gran megalópolis. Sus palabras enseñan que efectivamente hay un nuevo grupo de personas de la sociedad civil que están muy por adelante de los gobernantes.

Si en la mañana pensaba que los gobernantes estaban atrasados, por la noche me demostraron que esta Ciudad, que se precia de ser democrática, está retrocediendo en la protección de derechos humanos básicos.

A las 11:45 pm nos llamaron para avisarnos que había muchos granaderos que subían por Luis Cabrera. Yo vivo ahí, así que me asomé a la ventana y ahí estaban. Ya hacía tiempo que pensábamos que algo así podría pasar.

El Gobierno del Distrito Federal (GDF) necesita urgentemente terminar sus obras porque se acaba el sexenio. El lunes pasado, en una conferencia de prensa, el Jefe de Gobierno Marcelo Ebrard confesó que tenían que acabar antes de que el amparo se decidiera para  “pedir perdón antes que pedir permiso”. El GDF tiene prisa, mucha prisa por terminar una obra atrasada y, sobre todo, cuestionada.

Granaderos comenzando a empujar
Para ello y a pesar de que estaba en litigio, el GDF amplió el Título de Concesión a COPRI y OHL de la Supervía para aumentar más de 2 km. Esta vez haciendo un segundo piso (que ya se volvieron fetiche para GDF y todas las constructoras de ballenas) sobre Luis Cabrera. Esta ampliación involucra destruir la famosa “Glorieta de las Quinceañeras”. Ya muchos vecinos nos habíamos reunido para defenderla en Picnic en el Río y un domingo de música.

Supusimos, ingenuamente, que el GDF no iba a reprimirnos, que nos iba a respetar. Pero se nos olvidó que ya las elecciones pasaron y el costo político se minimiza.

Planeado como si fuera la toma de un cuartel, los granaderos sellaron Luis Cabrera desde Periférico hasta San Jerónimo. Sólo 25 personas logramos llegar a la Glorieta. A los demás vecinos, los granaderos no los dejaron pasar, cerrando sus calles al tránsito. Nadie se podía acercar porque toda comunicación se cortó entre nosotros en la Glorieta, San Jerónimo Lídice y San Jerónimo Aculco.

Comenzamos a gritar lo que estaba pasando. Se acercó personal del GDF a preguntarnos qué queríamos; cuando les pedimos los permisos nos dijeron que ellos no los necesitaban, cuando les pedimos sus nombres ninguno nos lo dio, menos Berenice Téllez quien trabaja para el Subsecretario Hernández Llamas. Ese personaje que según Marcelo Ebrard lo “corrió” por haber aceptado a Peña Nieto pero que sigue trabajando para la Supervía por parte del gobierno.

Así que estas 20 personas estábamos aisladas. En un momento, los granaderos arremetieron contra nosotros. A mi esposa la comenzaron a golpear y me puse entre ella y los escudos, entonces a mi me comenzaron a golpear. Pudimos acercarnos a un árbol y nos agarramos de él, con la última esperanza de no dejarlo ir, el árbol nos ayudó con su corteza sabedor de que ahora su suerte está echada. Morirá talado o sufrirá el estar bajo un techo de cemento que trasmina plomo y otros metales plagándolo hasta encontrar su fin.

A 10 granaderos por persona, y con golpes nos fueron separando del árbol. En un momento, mi esposa gritó que la estaban desnudando, y me abalancé para rescatarla. Ahí nos quedamos tirados en el suelo, siendo pateados por los granaderos. A mi esposa la cargaron mientras que yo seguía en el suelo sufriendo las patadas.

Me comenzaron a arrastrar. Mi espalda se estaba raspando mucho y me agarré de un brazo de una granadera. Su uniformes parecen ser de poca calidad puesto que la manga de su chamarra se desgarró hasta dejarle el brazo descubierto. Eso los hizo enojar. Ahí me soltaron y mientras un granadero me golpeaba en los testículos, otro granadero me jalaba de los pelos. Me siguieron arrastrando. Con esos golpes, perdí mi celular y mis llaves.

En un momento me intentaron poner de pie. Opuse resistencia y volvieron al ataque con patadas en la espalda y testículos. En vilo entre 5 granaderos me levantaron sin dejarme de patear. Probablemente los golpes con mayor saña y desprecio que recibí era de los granaderos del sexo femenino. Quizá el entrenamiento a ellas involucre cosas más desagradables.

Rodeados por granaderos y sin podernos mover
Finalmente me sacaron de la glorieta. En algún momento había grupos de granaderos que estaban enfrente de mi y por lo tanto no me podía ni mover, pero los de atrás creían que me seguía resistiendo y por lo tanto me seguían golpeando para que avanzara. Estaba yo en una suerte de sandwich entre dos toletes y escudos que lastimaban. El jefe de su división (él no golpeaba) se dio cuenta, les dijo que ya pararan de golpearme y me ofreció la mano.

Nos rodaron a 15 personas unos 300 granaderos y nos pusieron contra la barda entre Luis Cabrera y Asunción. Justo ahí hay una cámara de vigilancia del Gobierno del Distrito Federal. Ojalá haya filmado todo y podamos recuperar el video para que se demuestre el salvajismo de estos cuerpos de granaderos.

Buscamos a la Comisión de Derechos Humanos del DF, para que enviaran a algún observador, pero no llegó. Un poco de prensa llegó, pero aislada no podía ver nada.
Mapa que señala el lugar donde estaba mi celular a las 5 am

Arrinconados por los granaderos y sin podernos mover estuvimos viendo como las empresas soldaban y sellaban la glorieta. El hecho de mantenernos ahí era para demostrarnos que sí lo podían hacer enfrente de nosotros.

Al mismo tiempo pusieron letreros que indican que van a mejorar la glorieta con ese segundo piso. Por un momento me sentí en un campo de concentración en donde el que tiene el poder busca humillar al desvalido.

Volví a mi casa por ahí de las 5 de la mañana para descubrir (gracias al internet) que mi celular estaba a dos cuadras de mi casa por donde estaban los camiones de granaderos. Bajé a decirles que sabía exactamente donde estaba, fue como hablarle a la pared, tuve que cancelarlo y buscar la forma de borrar todo gracias a la tecnología. No se si lo logré.

Cuando sellaron la glorieta y todo el camellón de Luis Cabrera eliminaron un carril de automóviles. Así, privatizan el espacio público para entregarlo a Copri, OHL y Rioboó. 

Me duele todo el cuerpo. Un dedo de la mano izquierda lo tengo morado, la espalda raspada y golpeada, aún me siguen ardiendo los cabellos, las piernas y mis partes nobles están adoloridas. Pero sin disminuir la barbarie que realizaron sobre mi persona, me duele más La Glorieta.

Esa Glorieta de todos los contrerenses.

Una glorieta con más de 80 cipreses al cual iban a tomarse las fotos los novios en sus bodas y las quinceañeras (de ahí el nombre).

Eso ya no será más.

Perdimos barrio, perdimos identidad en la Magdalena Contreras, perdimos seguridad, y perdimos calidad de vida. ¿qué ganamos? golpes y humillaciones para que tres empresas se hagan más ricas a costa de la ciudadanía. Cualquier urbanista sabe que estas autovías de cuota no mejoran el tráfico.

Pero quizá lo que más me duele es el retroceso que estamos teniendo. Un gobierno que incumple las recomendaciones de la Comisión de Derechos Humanos del DF; un gobierno que hace todo a espaldas de los habitantes, que le entrega el espacio público y el dinero a tres empresas: Copri, OHL y Rioboó (algunas de ellas nunca han ganado una licitación y sólo tienen contrato por adjudicación directa); un gobierno que tiene que hacer maniobras militares al amparo de la noche aislando y golpeando a ciudadanos que no hacíamos otra cosa que disentir pacíficamente; un gobierno que pone los tiempos para evitar que un amparo detenga la obra; un gobierno que impone la fuerza antes que el diálogo, es un gobierno que no puede llamarse progresista, moderno o democrático.

Si la ciudad se lo cree, tampoco lo es.

Saturday, July 28, 2012

Las lluvias, la Ciudad de México y La Supervía

Artículo originalmente publicado en EL Universal el 10 de agosto del 2010. Ahora tiene modificaciones ajustadas al 2012.

Últimamente nos hemos inundado demasiado. De hecho, las lluvias se adelantaron y la época de secas (ese periodo intenso entre el fin del invierno con sus heladas y los inicios de lluvia a mediados de junio) fue muy corta. Es posible que esto se deba al cambio climático. Pero como dice el mismo Jefe de Gobierno los cambios de clima en el DF también se deben a la urbanización.



Lo que si está claro es que últimamente hemos tenido inundaciones donde antes no aparecían. Es por esto, que en época de lluvias, vemos al agua como el enemigo. Es una tradición, así lo hemos visto desde hace más de 200 años. Esto no pasó desapercibido por Alejandro de Humboldt, ese gran naturalista alemán que, en su visita a México, vio con sorpresa los destrozos ecológicos en la zona boscosa de la ciudad y anunció sus consecuencias. Estas consecuencias no son otra cosa que lo que estamos viviendo.

Al culpar a las lluvias de nuestra desgracia bajo el agua, se nos olvida que la Ciudad de México está en un ecosistema que necesita de las lluvias. Ese ecosistema es un lago. 


La Ciudad de México sobre un lago

Este lago reacciona en tiempos más largos que los sexenales y en áreas más amplias que las demarcaciones delegacionales. Por lo que es difícil entender que los problemas que le atribuimos a las lluvias, vengan en realidad de una mala planeación urbana.

Un ejemplo es el desarrollo de Santa Fe que fue promovido hace más de 20 años por el entonces regente Camacho Solís (su secretario de gobierno era Marcelo Ebrard y el presidente que los puso ahí era Carlos Salinas). Desde el inicio fue una mala idea. Los terrenos de la zona son blandos y empinados y el acceso es limitado. Pero el problema más importante es que, la urbanización de Santa Fe, reduce la infiltración en el acuífero en una de las zonas de la ciudad donde más llueve.

En la época de la colonia, de Santa Fe brotaba el agua de manantial tan pura que era la que llegaba a los virreyes en el centro de la ciudad. Ahora los edificios de Santa Fe necesitan de pipas para abastecerse del agua que en alguna época se infiltraba en donde ahora hay cimientos y calles.


Sta Fe donde antes había un manantial (foto Animal Político)

El acuífero de la ciudad está sobreexplotado. Extraemos el doble de agua de la que se infiltra. Esta sobreexplotación repercute en la escasez de agua y tenemos que importar 30% del agua que consumimos. Esa misma agua que viene contaminada con un alga llamada Geosmina y que las autoridades locales y federales se apresuraron a decir que no es tóxica, pero que algunos estudios sugieren que afecta al hígado.

La delegación que más sufre es Iztapalapa, donde, constantemente se quedan sin agua más de un millón de habitantes. La sobreexplotación también produce hundimientos en toda la ciudad. Chalco se hunde cerca de 40 centímetros por año y eso provocó las inundaciones de febrero del 2010 y en Tláhuac en el 2011. Así, el agua de lluvia que cae en Santa Fe se va al drenaje profundo, previa inundación en Chalco, en lugar de infiltrarse para beneficio de Iztapalapa. Y cada año que pase, van a existir más zonas de inundación (ver nota). Lo estamos viendo en estos días.

Inundación en Interlomas en el 2012

Puesto que el ecosistema lacustre es una compleja maquinaria con muchas piezas involucradas, Santa Fe no es la única causa de los problemas de agua en la ciudad. Pero el manejo del agua es crítico, por lo que evitar la urbanización en las pocas zonas que captan agua, debe ser una máxima en las políticas de la ciudad. Ajeno a esto, la visión sexenal del Gobierno de la Ciudad se enfoca a plantar unos cuantos árboles, pero permite la destrucción del suelo de conservación que cada día es menor. Este suelo que reduce los efectos de inundación y provee de agua a todos los demás.

La Supervía impuesta por el GDF en beneficio de las empresas Copri-OHL, encaja en esta visión sexenal. Desde hace más de 50 años, ciudades como Nueva York ya no construyen este tipo de vías porque su efecto positivo en el tráfico dura menos de un año, pero su efecto negativo en la ecología y la convivencia social, dura varias décadas. Por eso, ciudades como Boston y Seúl, no sólo ya no las construyen sino que las han demolido.

En particular, La Supervía promoverá la urbanización de áreas verdes fundamentales para la captación de agua. Ligados a La Supervía, están los planes de desarrollo de la “Biometrópolis” en un bosque cerca de la salida al Ajusco, y el “acuario más grande de Latinoamérica” en Xochimilco. Para este tipo de desarrollos, la Asamblea Legislativa acaba de cambiar la Ley de Desarrollo Urbano, que deja en indefensión tanto a la naturaleza como a los ciudadanos, de los voraces intereses de los desarrolladores y los líderes invasores. Cada día es más difícil distinguir a unos de otros (ver nota de Animal Político).

Todas estas construcciones se disfrazan de “verdes”. La Secretaría del Medio Ambiente se ufana de que estas construcciones cuenten con pozos de captación de agua para mitigar el efecto en el acuífero y con invernaderos que repondrán los árboles que van a destruir. Hace unos días el Jefe de Gobierno fue a plantar unos cuantos árboles en La Loma, muchos de ellos sobrevivirán lo que le queda a este sexenio, y morirán con él, por lo que no será problema de la actual administración, pero si de los capitalinos.

Viaducto inundado (foto La Jornada)
Además, estas mitigaciones pueden generar más problemas que soluciones. Por ejemplo, aun con filtros, los pozos de infiltración son el paso directo de agua contaminada al manto freático. La reforestación con plantas de invernadero producirán bosques con poca variabilidad genética y desplazarán a las plantas nativas sobrevivientes, reduciendo aún más la biodiversidad de la ciudad.

Puesto que este lago reacciona globalmente a efectos locales, ninguna medida de mitigación en estas zonas de captación será suficiente. Ninguna ganancia económica podrá compensar los graves problemas de agua y de clima que se generarán en años futuros a los 20 millones de habitantes de esta ciudad. Esto empeorará con el cambio climático que produce lluvias más intensas, y sequías más prolongadas.

Inundación en el 2012 (foto Milenio)

Si queremos que nuestros hijos sigan viviendo aquí, los capitalinos tenemos que defender a la naturaleza de políticos con visión sexenal, aliados con constructoras con ninguna ética. Ellos nos señalan sólo un árbol, pero atrás están destruyendo todo el bosque.



Thursday, July 5, 2012

40 Ríos y una Ciudad


En la creencia popular chilanga, está el mito de que en la Ciudad de México sólo existe un río el Rio de la Magdalena. Pero hay más de 40 ríos en esta ciudad. Tenemos ríos temporales, ríos chicos, ríos grandes entubados, ríos desviados, ríos y más ríos. Todos siguen ahí, por la sencilla razón de que el agua siempre va hacia abajo. Para que no existan los ríos tendríamos que destruir las montañas o evitar que llueva. No me sorprendería que algún amante del tubo no se le hay ocurrido alguna idea de éstas para deshacerse de los molestos ríos. 

En un gran libro editado por la UAM y el GDF, llamado “Ríos, Lagos y Manantiales del Valle de México” su autor, Jorge Legorreta, nos muestra la diversidad de los ríos en el DF y nos da una lección dolorosa, nos enseña fotografías de como los tratamos. Este libro debería de estar en todas las casas, pero es dificil de conseguir, ojalá y haya forma de generar más ediciones. 

"Rescatando" el Río Magdalena
En este libro podemos ver fotografías y mapas de ríos como Puerta Grande y Puente Colorado dos ríos en Tarango tuvieron a mal estar en medio del proyecto de La Supervía, y ahora están secos. Probablemente los desviaron o los entubaron mandando el agua directo al drenaje. Otro río que está sufriendo ahora es el mismísimo Río Magdalena, que bajo pretexto de arreglarlo, está siendo destruido por maquinaria y sus cantos están siendo robados con una construcción que no tiene permisos de SEMARNAT.

Muchos de los ríos están cerca de nosotros, aunque no los vemos, pues están detrás de bardas pintadas de propaganda electoral. Por ejemplo el río que está por debajo de Avenida Luis Cabrera re-surge a un costado de un centro comercial a la altura de la Glorieta San Jerónimo (esa que está siendo destruida por ICA para hacer el segundo piso, es una lástima ver la fuente de Siqueiros que ahora sitiada por columnas y ballenas) y cruza periférico por abajo. 

Entubados o no los ríos que siguen y seguirán funcionando como ríos. Un río entubado es el peor de los ríos. No nos provee de ningún “servicio ecosistémico” beneficio de la naturaleza gratis como purificación de agua, mejoramiento del clima, filtrar agua al acuífero o reducir la velocidad de las inundaciones. Pero un río entubado si se desborda y provoca más inundaciones en las zonas bajas puesto que el agua va a más velocidad.

Imagina esto encima de la Glorieta de las Quinceañeras
Quizá por ello en otros países se han tirado los segundos pisos para rescatar los ríos que estaban entubados.  El caso más claro es el de Seul, donde un segundo piso fue removido y ahora se tiene un río que mejoró la calidad de vida de las personas y hasta disminuyó el tráfico. 

Otro río icónico es el Río de la Piedad que fue entubado hace pocas décadas para hacer El Viaducto. Una calle que inicialmente tenía dos carriles por lado, pero a algún ingeniero poco prudente se le ocurrió que donde caben dos, caben tres. Esta idea se repite en el segundo piso y otros lugares. 

Es muy probable que las constructoras y los gobiernos no vean más allá de sus propias ganancias, y por lo tanto no les importe el rescatar los ríos de la ciudad que nos dan calidad de vida a todos los capitalinos. Por ello, los ciudadanos estamos queriendo rescatar el Río de la Piedad, el Río de la Magdalena y otro ríos de la Ciudad de México. 

Pasadas las elecciones, el panorama que el país enfrenta es una razón más para seguir actuando, o empezar a hacerlo, como ciudadanía. Una de las acciones que estamos promoviendo para mejorar la situación de nuestros ríos es la de un picnic este próximo 8 de julio, llamado en Twitter: #PicnicEnElRío. Éste busca que más personas de la ciudad se den cuenta que tantos ríos en un valle pueden ser mucho mejor que muchas calles, avenidas, supervías o segundos pisos.



Rescatemos nuestros ríos.