Monday, January 16, 2012

¿Cuánta agua le queda a la Ciudad de México?


Lo siguiente es un resumen del original que está publicado en la revista "Transeúnte" que muy buena revista para conocer los problemas y las soluciones de la ciudad.
A partir de hoy estaré colaborando con la revista al menos una vez al mes (si la revista me aguanta). 
Imaginemos que tenemos una cuenta de banco de la cual desconocemos cuánto dinero tiene. De esta cuenta retiramos semanalmente mil pesos y sólo depositamos quinientos. Sabemos que tarde o temprano el dinero se puede acabar, pero no cuándo. Pues así estamos en el manejo de agua en la Ciudad de México.
Cuánta agua queda en la Ciudad de México es la pregunta de los 22 millones… el número de habitantes que convivimos en esta ciudad. Para contestarla, primero hay que saber de dónde viene el agua. El 30% del agua la importamos, principalmente del “Lerma-Cutzamala”. El 70% restante viene del acuífero, que es como nuestra cuenta de banco. Pero esta cuenta es muy complicada, pues se parece más a una sociedad de inversión con múltiples plazos que a una cuenta de ahorro.
El acuífero se hidrata gracias a las lluvias, y la ciudad es un mosaico de distintos tipos de suelo que absorben -infiltran- agua a diferentes velocidades. Tenemos desde la zona de Xochimilco, con un suelo casi tan impermeable como el asfalto, hasta el extremo contrario, donde están los terrenos de las faldas del Ajusco, que tienen suelo en donde el agua se infiltra muy rápido. Además de esto, no llueve igual en toda la ciudad. En el sur y sur-poniente -donde están todos los bosques que le quedan a la ciudad- cada año llueve el doble que lo que llueve en el nororiente – en las delegaciones de Iztacalco, Venustiano Carranza y Gustavo A. Madero-. Para hacerlo más complejo, día con día, el crecimiento de la ciudad está modificando las capacidades de infiltración de cada región.
Como resultado tenemos múltiples capas o múltiples acuíferos a diferentes profundidades. Los más de dos mil pozos en la ciudad extraen agua de muchas capas al mismo tiempo por lo que es difícil cuantificar.
Si dejáramos que se infiltrara al suelo la misma cantidad de agua que la que utilizamos, no tendríamos tantos problemas, pero la Dra. Elena Burns, del Centro para la Sustentabilidad Incalli Ixcahuicopa, nos cuenta en su libro “Repensar la Cuenca” que extraemos del acuífero el doble de agua de la que se infiltra. Esta práctica la hemos realizado ya desde hace varias décadas y las consecuencias las vemos en diferentes partes de la ciudad, como las grietas que están apareciendo en el oriente y las dramáticas inundaciones que presentan zonas como Chalco y Tláhuac, llegando en algunos casos a cuarenta y cincuenta centímetros por año.
Para evitar inundaciones provocadas por hundimientos, cada día se hace más grande el desagüe de la ciudad de México, el cual comenzó con el Tajo de Nochistongo en los años 1600, seguido por su versión del Siglo XXI, el Túnel Emisor Oriente (TEO). Estos desagües buscan reducir las inundaciones, mandando el agua de las lluvias directo al Golfo de México, en lugar de dejar que se infiltre al acuífero, por lo que hemos llegado a sobreexplotar el acuífero, lo que provoca hundimientos  y a su vez más riesgo de inundación.
Además, con este constante hundimiento, hay regiones de la ciudad que comienzan a estar por debajo de los desagües, así que se tienen que utilizar bombas gigantes para mover el agua de las zonas inundadas hasta el TEO.
Gracias a esta lógica para resolver nuestros problemas, estamos atrapados en un círculo vicioso de inundaciones, hundimientos y falta de agua. 
Hoy seguimos sin saber cuánta agua nos queda en la Ciudad de México. 
Desconozco si el Sistema de Aguas de la Ciudad de México o la CONAGUA tengan estudios sobre el tema, pero al menos se que no los han hecho públicos. Así que no queda claro si es porque no la saben o porque no la quieren decir. En ambos casos, la falta de información asusta.
Tenemos al menos dos caminos para resolver este problema. Podemos seguir por el sendero que llevamos desde hace más de 400 años, con soluciones tecnológicas de corto plazo y a la vez está generando otros problemas de largo plazo. En este camino está el proyecto anunciado por el Sistema de Aguas de la Ciudad de México, que busca re-inyectar de agua tratada al acuífero, lo cual tiene un riesgo altísimo de contaminación, lo que nos llevaría a una catástrofe de salud. Una vez contaminado el acuífero, no se puede volver a purificar.
El segundo camino es más difícil e implica utilizar todos los campos del conocimiento -incluyendo a la tecnología y la ingeniería- para resolver los problemas desde un enfoque socio-ecosistémico. Este segundo camino involucra entender la dinámica de un sistema complejo, como es el ecosistema del lago en donde nos tocó vivir: la Ciudad de México. Este segundo camino propone la búsqueda de un desarrollo de largo plazo, un desarrollo transexenal. Por eso es necesario que los ciudadanos conozcamos el segundo camino, puesto que no está en el horizonte temporal de ningún tomador de decisiones.

1 comment:

  1. Entiendo la preocupación, pero lo que no entiendo es ¿el por qué no le preguntan, escuchan y discuten con quienes han estudiado y publicado en revistas internacionales) sobre el caso?
    ¿Qué es lo que impide contactar a los que ya han avanzado en el campo del conocimiento ecosistémico relacionado con el agua subterránea en especial para la Ciudad de México?

    josé joel carrillo rivera
    Investigador (Agua Subterránea)
    Instituto de Geografía
    Universidad Nacional Autonoma de Mexico
    CU, Coyoacán, 04510, DF
    Tel +5255 5623 0222 ext 45367
    Fax, +5255 5616 2145
    joeljcr@igg.unam.mx

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