Sunday, November 6, 2011

Yo me preocupo por la ecología, pero no soy de los que abrazan árboles....


Así comienza un anuncio de televisión para promover alguna marca (creo que es Vitro) que se vende como ecológica. Ahora hay muchas campañas así, pues la mercadotecnia se apropió de la marca “lo verde”. Para ellas todo puede venderse como ecológico siempre y cuando no se ponga en entredicho el patrón de consumo actual. Astutamente la mercadotecnia reconoce que los deseos y las percepciones de las personas están cambiando preocupadas por el ambiente, pero les da la vuelta para que sigan consumiendo, e inclusive se promociona lo verde como vehículo para mejorar el estatus social.

A partir de esto, las inmobiliarias y constructoras ha visto un nicho espectacular. Sus casas no sólo se venden como exclusivas sino también como “sustentables”, sólo hay que plantar tres arbolitos y en su elegante brouchure contener la foto de un bosque con una rubia en bicicleta (o una morena en motocicleta). Dos ejemplos son COPRI en sus desarrollos de Cumbres de Santa Fe y Hansa Urbana en Cabo Pulmo.

Folleto de Hansa Urbana en Cabo Pulmo,"segundo hogar para unos cuantos afortunados"

La realidad es que estas construcciones se asientan en los sitios más sensibles del ecosistema (sean de la Ciudad de México o del Golfo de Cortés), destruyendo los Servicios Ecosistémcios de los que nos beneficiamos como sociedad.

Quizá lo más grave es que este discurso de sustentabilidad light permea las instituciones que deberían defender la naturaleza como las Secretarías del Medio Ambiente federales y locales. Estas autoridades han terminado por subordinar sus decisiones de protección a la ecología a lo que ellos llaman “la competitividad”, medida sólo por las ganancias económicas y las contribuciones de estas empresas a sus plataformas electorales.
Destruyendo el bosque con bicicletas 

Sin embargo, en esta balanza de “competitividad” los costos provocados por los problemas ecológicos, sociales y económicos, los pagamos todos. La expansión en la cuenca de la Ciudad de México causa las inundaciones en Tláhuac o la electricidad necesaria para traer el 30% de agua de déficit de la Ciudad terminan siendo un problema que el Estado y nuestros impuestos deben solucionar, no las empresas ni las autoridades ambientales. Los permisos de construcción que han dado estas Secretarías (Supervía, Cabo Pulmo, Veracruz) confirman su filosofía: el ecosistema subordinado a la inversión de las construcciones.

Un concepto real de sustentabilidad debería involucrar equidad social, justo lo contrario a las constructoras que promueven la “exclusividad verde”. Reducir la desigualdad debe ser parte de la sustentabilidad, pues no es sólo un problema moral sino de auto preservación.
Por definición una via de paga (elitista) no puede "cuidar el medio ambiente"

Una sociedad inequitativa difícilmente puede ser sustentable. Cada persona que vive en un país rico tiene una Huella Ecológica igual a seis personas viviendo en países pobres, de acuerdo al  Living Report de la World Wildlife Fund (WWF).

Dentro de los países más inequitativos como México, la diferencia de la huella ecológica entre una persona rica y una pobre debe ser mucho mayor. Imaginemos la huella ecológica de un habitante de Santa Fe y comparémosla con la de un campesino de Milpa Alta. Aún si un departamento exclusivo en Santa Fe pudiera reducir a la mitad la Huella Ecológica de uno de sus habitantes, seguiría siendo desproporcionadamente alta. Por esto, la casa exclusiva pero sustentable es puro maquillaje. A la larga, esta visión elitista de sustentabilidad llevará al colapso del ecosistema, afectando a ricos y pobres, pues todos necesitamos de los Servicios Ecosistémicos.
"BioApartments" en  Santa Fe

La sustentabilidad se debe de basar en prácticas que todos podamos hacer y que no afecten sitios vulnerables para que el ecosistema pueda seguir proveyendo de sus servicios. Por eso, la sustentabilidad es un concepto mucho más complejo que tomar refresco en envase de vidrio, o comprar una casa en un fraccionamiento exclusivo por más techos verdes que tenga. Es un concepto realizable en donde se incluye a la socorrida “competitividad”, pero no sólo para unos cuantos sino a toda la sociedad y pensando en el largo plazo.

Nunca pensé decirlo, pero si se trata de sustentabilidad, yo me quedo con abrazar un árbol.... aunque suene new age.

Abrazar un árbol lo puede hacer cualquiera, rico o pobre, y promueve un lazo fraterno entre dos entes vivos. Ese lazo ayuda a proteger al árbol mostrando su importancia dentro del ecosistema y sus servicios. Y son los Servicios Ecosistémicos los que nos permiten vivir en nuestra casa, tener agua y un clima vivible.... beneficios públicos para todos, sin importar su poder o deseo de compra.

2 comments:

  1. Muy buen artículo Luis. Así hay que ir desenmascarando las estrategias con la que pretenden engañarnos,la mercadotecnia para encubrir mentiras o verdades a medias.
    Yo me adhiero al amplio grupo de quienes abrazamos los árboles. Nada mejor para sentirse parte del Universo.
    Saludos.
    Cristina

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  2. giovanni navarroJuly 30, 2012 at 1:50 AM

    Gracias por compartir este artículo, hasta pronto, Saludos.

    Giovanni.

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