Tuesday, October 11, 2011

¿Cuanto vale un ecosistema?


Depende de quien conteste esta pregunta..... Para algunas constructoras vale la tinta verde de sus folletos que anuncian sus “casas ecológicas”. Para los políticos vale el publirelacionista creador de su imagen de entes preocupados por la naturaleza.

Pero ¿para la sociedad? ¿cuanto vale el ecosistema? Su valor se puede medir al menos en dos maneras. El ético y el económico. Puesto que la ética es lo primero pierden las constructoras y políticos cuando hay dinero de por medio, hay que entender el económico para tener alguna interlocución con ellos.

Ponerle valor a un bosque o una selva ha sido una idea desarrollada por economistas ambientales. Una de las formas de tasar el valor de un bosque es a partir de evaluar los Servicios Ecosistémicos que provee. Algunos ejemplos de los servicios que un bosque genera son: cuanto carbono captura de la atmósfera, cuanta agua absorbe para el acuífero, cuanto regula el clima o detiene las inundaciones. Cálculos muy generales de los Servicios Ecosistémicos sugieren que cada año ecosistemas como Tarango puede estar aportando a la ciudad unos 7 millones de pesos y Xochimilco otros 300 millones de pesos.

El tasar el precio de un bosque con base en sus Servicios Ecosistémicos tiene sus virtudes, (se habla el mismo idioma con gente que sólo entiende el lenguaje del dólar), pero tiene sus defectos.

Por ejemplo, las constructoras ávidas de construir en Tarango preguntarán ¿y donde están esos 7 millones?. Pues no están, pero cuando se pierda el servicio ecosistémicos estará saliendo de nuestros bolsillos. Convencer a la sociedad de algo que no ve es más complicado que convencerla de la utilidad de un puente que si se ve, por inútil que sea. 

El segundo problema es que las constructoras no pagan los Servicios Ecosistémicos que destruyeron (exigen que lo pague el estado), y por lo tanto, para ellas el ecosistema vale nada. Cuando las constructoras justifican su “desarrollo” destruyendo un ecosistema, en realidad están justificando su beneficio económico traspasando los costos a la sociedad.

Aún con todos estos problemas, el ponerle el valor a los Servicios Ecosistémicos sigue siendo la forma más fácil de probar que en muchas ocasiones los desarrollos de las constructoras y otras industrias (incluyendo las autoproclamadas “verdes”) generarán mucha más pérdidas que beneficios a la sociedades en el mediano plazo.

Pero el costo económico del ecosistema no da su valor real. A diferencia de los políticos y las constructoras, la sociedad sí tiene ética. La ética también permite valorar a los ecosistemas con ayuda de los Servicios Ecosistémicos. Por ejemplo, estos servicios se aprovechan más por la gente de pocos recursos, ¿han visto que colonias son las que se inundan en el DF?. Destruir los Servicios Ecosistémicos genera más desigualdad.

El valor ético del ecosistema también nos cuestiona sobre nuestra relación con la naturaleza. Xochimilco y el axolote, por ejemplo, están a punto de la extinción y los capitalinos somos los responsables. Tanto el humedal como el anfibio adquieren relevancia puesto que están imbricados en nuestra cultura, en nuestro ser mexicanos. Sus pérdidas serán irremplazables y generarán un hueco en nuestra cultura y en la sociedad muy difícil de llenar. ¿esto se puede poner en pesos y centavos? Yo creo que no.

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